Como en los viejos tiempos, cuando Cárdenas levantaba rígido el brazo derecho y saludaba a multitudes efervescentes en las plazas públicas, en las capillas Lorraine y Cote d’ Azur del Panteón Francés retumbaba la proclama que movía al incipiente movimiento democrático:»¡Cuauh-té-moc! ¡Cuauh-té-moc! ¡Cuauh-té-moc!», se escuchaba.
Una bandera nacional cubría el féretro en que reposaban los restos del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, figura fundamental de la transición a la democracia que falleció en la Ciudad de México un 28 de octubre de 2026 a los 92 años.Puño en alto, el grueso de los dolientes que se apretujaba en las capillas coreaba con fuerza el nombre del hijo del General Lázaro Cárdenas.

La Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, montaba guardia de honor al lado de los tres hijos del ex Jefe de Gobierno: Lázaro, Cuauhtémoc y Camila, la más acongojada, según el testimonio de los asistentes.Por allí desfilaban también Rosario Robles, la primera Jefa de Gobierno; Clara Brugada, la tercera; y la Fiscal General de la República, Ernestina Godoy, quien sostenía convencida: «No serán suficientes todos los homenajes…»Una vieja camada de michoacanos daba el último adiós al ingeniero y paisano: Cristóbal Arias, Leonel Godoy, el Gobernador Raúl Bedolla; y uno de los poquitos panistas que hicieron acto de presencia: José González Morfín, que como presidente del Senado entregaba en 2011 la Medalla Belisario Domínguez a Cárdenas Solórzano.

De riguroso luto, un solemne Marcelo Ebrard fue de los primeros en apersonarse en el panteón. «Estoy triste», musitó.Director General de Comunicación Social en la Jefatura de Gobierno con Cárdenas, el «Güero» Javier González Garza recordaba: «Cárdenas Solórzano entró a Los Pinos recién nacido.
Cuauhtémoc vivió no sólo en Los Pinos al lado del General Lázaro Cárdenas. Pero Cárdenas supo trascender esa parte: no sólo es el hijo del General Cárdenas y de doña Amalia, sino que es Cuauhtémoc por sí mismo».González Garza definía: «es sin duda el más importante luchador por la democracia en nuestro País». Él mismo iba a reconocer que la relación de Cárdenas con López Obrador había «sido cambiante. Aunque le tenía una gran simpatía, después afloraron grades dificultades que no trascendieron. Fue una cosa que mantuvieron los dos».»Cárdenas —relataba ecuánime— estimaba y respetaba tanto a Andrés Manuel, que una cosa sí les voy a decir, porque me consta: yo fui portador del asunto. A Andrés Manuel no lo querían dejar competir para la CDMX. Y entonces Cárdenas manda un mensaje a Zedillo muy concreto (Yo soy el portador de ese mensaje): si no se le da el registro a Andrés Manuel, yo no participo en la elección presidencial. Le dieron el registro, Andrés ganó y Cárdenas empezó su propia carrera a nivel nacional…»

Al Panteón Frances llegó también Marco Rascón, el que hacía de «Superbarrio» con un vistoso atuendo rojo en muchos escenarios. Restaurantero que ahora se dedica a «lavar y a planchar», Rascón se preció de que Cárdenas iba a votar por su personaje el emblemático 6 de julio de 1988.»Su voto fue para ‘Superbarrio’, reconociendo las luchas sociales, pero, sobre todo, las luchas de los barrios y de la CDMX», diría ufano.Rascón abundaría en lo tocante a la conflictiva relación de Cárdenas con López Obrador. «Creo que López Obrador tiene una falta muy grande: él fue el que organizó los insultos el 25 de abril de 2005, cuando es invitado a marchar por el desafuero del desafuero.»Él es —acusaba— el que organiza las rechiflas contra Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo con la idea de mandar un mensaje a la oligarquía de este País: el 88 ha muerto, se acabó el liderazgo histórico de esta alternativa verdadera y entonces ahora yo soy el conductor de todo este proceso sobre la base de liquidar al PRD y a Cuauhtémoc».

A pie y en camionetas de lujo llegaban políticos y funcionarios para despedir al ingeniero, al que este viernes se le rendirá un homenaje de cuerpo presente en Bellas Artes: los priistas Francisco Labastida Ochoa (que al lado de Vicente Fox compitió por la Presidencia en 2000) y Jorge de la Vega Domínguez, el jerarca del tricolor que iba a prometer 20 millones de votos y que desdeñaría el surgimiento de la Corriente Crítica que encabezarían Cárdenas y Muñoz Ledo y que iba a desembocar en la escisión del PRI y posterior nacimiento del Frente Democrático Nacional.»Claro que él debió haber sido el primer Presidente legítimo: él ganó en 88. Que no queda duda de eso», sostenía César Yáñez, ahora subsecretario de Gobernación.

Con voz entrecortada, el mismo que acompañó a López Obrador en las dos o tres vueltas que el tabasqueño le daría a la República, Yáñez iba a recordar que Cárdenas había sido el padrino «de su primer matrimonio».La figura de Cárdenas iba a concitar un amplísimo reconocimiento de políticos y funcionarios que acudieron a darle el último adiós: los morenistas Ricardo Monreal, Higinio Martínez, Ariadna Montiel, Gerardo Fernández Noroña, Martí Batres, Graco Ramírez y Francisco Garduño, entre otros.Además del tabasqueño Arturo Núñez y de Guadalupe Acosta Naranjo, líder de Somos, y que con orgullo recordaba que el ingeniero lo había convocado a firmar el acta de constitución del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en mayo de 1989, figuraron también Jorge G. Castañeda, estratega de la campaña de 1988, y el ex dirigente panista César Nava.

Un puñado de curiosos se detenía frente al acceso principal para ver el desfile de tanto personaje. Por allí se apareció, vestida de luto, María Isabel Espino Loera, militante del PRD y fundadora de Morena.La frágil mujer se detenía a mirar una corona fúnebre que fue colocada a primera hora de la mañana a las puertas del panteón. María Isabel mostró una fotografía en la que aparecía frente a Cárdenas en el Monumento a la Revolución hace varios años.»Ahora vengo a darle una despedida», dijo.Acompañada de los tres hijos de Cárdenas: Lázaro, Cuauhtémoc y Camila, la Presidenta Claudia Sheinbaum montó guardia de honor a un costado del féretro.










