Dios invita a todos al banquete y Jesús, Su Hijo, es la mejor invitación para la fiesta, por lo que el arzobispo de Chihuahua, monseñor Constancio Miranda Weckmann, llamó a la feligresía a ir por el camino invitando a esas personas que jamás han sido invitados a un banquete.
“Él invita a todos a su mesa, hasta los indeseables, pecadores y los que no quiere la gente”.
El jerarca de la Iglesia católica en la Arquidiócesis de Chihuahua mencionó que este domingo a través de la parábola del banquete de bodas se invita a reflexionar que está vida no sólo está llena de penas, sinsabores y preocupaciones, sino que también Dios tiene preparada una fiesta final para que sus hijos e hijas estén reunidos y sentados junto a él en torno a una misma mesa, disfrutando de una vida plena y dichosa.
El arzobispo de Chihuahua enfatizó que todos los pecadores están invitados al banquete, “Jesús quiere ser la gran invitación de Dios a la fiesta final”.
Llamó a los feligreses a preguntarse qué ha sido de la invitación, si en realidad están satisfechos de su bienestar, sordos a todo lo que no sea de su interés inmediato, no creen necesitar a Dios, “No nos estaremos acostumbrando a vivir sin la esperanza última”.
Enfatizó que hoy en el evangelio de San Mateo donde unos rechazaban la invitación alegando que tenían tierras y negocios que atender, en ocasiones los católicos ponen esos pretextos.
Entonces los conminó a que vayan a invitar al banquete, ir a los caminos por donde pasan tantas gentes errantes, sin tierras y negocios a los que nadie ha invitado jamás, tal vez sea su esposo, un hijo o hija, amigos o alguien desconocido.
“Gracias Señor por la invitación que nos has hecho, ayúdanos siempre a atender la invitación al banquete, que vayamos siempre con el traje de fiesta con la gracia Dios y que no sigamos alejados de Dios”.
Los reunidos en la Catedral Metropolitana de Chihuahua, se unieron en oración con María para que inflame el amor de su Hijo en sus corazones, para que oyendo su invitación vayan tras sus huellas.
En la oración comunitaria se pidió por los líderes religiosos, por la Iglesia para que luche por la justicia y la paz, por los gobernantes para que cumplan su labor en beneficio de sus gobernados, y por los católicos para que sean portadores de la vida de Jesucristo.











