Cada día, cientos de habitantes de la frontera norte de México cruzan hacia Estados Unidos por trabajo, estudios, compras, visitas familiares o negocios. Lo hacen con una rutina que parece normalizada, pero que implica largas esperas: filas de al menos media hora que, en jornadas complicadas, pueden extenderse hasta tres horas o más.
Esa experiencia cotidiana, compartida por miles, pero pocas veces narrada en primera persona, es el eje del libro Tiempo de espera, crónicas del cruce documentado, una obra colectiva impulsada y coordinada por Víctor Alejandro Espinoza, quien lanzó una convocatoria para compartir sus experiencias. El volumen reúne 37 testimonios que convierten la espera en materia literaria.
“Es un libro de crónicas”, explicó Víctor Alejandro Espinoza, presidente del Colegio de la Frontera, quien coordinó el proyecto. A diferencia de los estudios académicos tradicionales sobre migración, “Aquí las historias se cuentan desde la vivencia: lo que se piensa, se siente y se observa mientras la fila apenas avanza”.
Las páginas recogen voces de académicos, periodistas y poetas que describen momentos tan diversos como el estrés por llegar tarde, el humor del agente migratorio en turno o las conversaciones improvisadas entre quienes comparten la espera. Todo ocurre en ese espacio suspendido que es la línea fronteriza.
El libro también refleja la diversidad de formas de cruce: en auto, a pie o mediante programas de acceso rápido como Sentri. Cada modalidad tiene sus propias dinámicas, pero todas comparten una constante: el tiempo detenido y la incertidumbre.
Aunque el enfoque principal está en la ida hacia Estados Unidos, el coordinador reconoce que el regreso —con sus propias filas y tensiones— podría ser tema de una futura publicación. “Es otra historia que también merece contarse”.
La obra nació de una convocatoria abierta que logró reunir 36 colaboraciones adicionales a la del propio Espinoza. El resultado es un mosaico de relatos breves, algunos con tono humorístico y otros más cercanos a lo trágico, que reflejan la complejidad emocional de cruzar la frontera.
Entre los textos destacan también propuestas poéticas. Cinco autores optaron por ese formato, incluyendo el rescate de un poema del estadounidense Robert Jones, al que responde la poeta mexicana Minerva Margarita Villarreal en un diálogo literario que cruza generaciones y geografías.
Más allá de la literatura, el libro pone sobre la mesa una realidad poco discutida: no todos los habitantes de ciudades fronterizas cruzan. De hecho, se estima que solo cerca de la mitad tiene documentos para hacerlo, lo que revela una frontera vivida de manera desigual.
La edición, cuidada y accesible, busca llegar a todo tipo de lectores. No es un texto académico rígido, sino una obra que puede abrirse en cualquier página y leerse sin orden, como si se recorrieran fragmentos de una misma experiencia compartida.
Para Espinoza, el origen del proyecto también es personal. Creció en una ciudad donde cruzar era parte de la vida diaria, mucho antes de los muros y los controles actuales. Hoy, dice, ese acto cotidiano se ha transformado: “cruzar puede ser, a veces, casi heroico”.











