El migrante hace una travesía de días a meses, pasan hambre, sed, arriesgan su vida, son secuestrados y extorsionados, para buscar el sueño americano en Estados Unidos, muchas veces culmina en dos o tres horas con un vuelo de repatriación.
Diariamente ingresan cientos de migrantes por diferentes fronteras de México y Estados Unidos, unos con cita de CBP One, que es la manera legal y otros se entregan a la Patrulla Fronteriza de manera ilegal.
Sin embargo, según información de Gloria Chávez, jefa de la Patrulla Fronteriza en McAllen, aproximadamente entre el 80 a 95 por ciento son retornados o deportados a su país.
En recorrido al aeropuerto de Harrington, del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos, se pudo apreciar cómo es una deportación de 101 migrantes hondureños.
Los migrantes llegaron en autobuses con las manos atadas, un camión de hombres, otro de mujeres y un último con núcleos familiares. Los que entraron solos son esposados de pies y manos, es así como descienden del autobús y abordan el avión que irá directo a su país.
Las familias no son esposadas, pero seguramente el impacto para los menores de vivir esas situaciones será inolvidable. Antes de abordar el avión los niños y niñas son inspeccionados por el personal ICE, de pies a cabeza.
En cada avión que despega caben 130 personas, algunas tienen días de haber entrado a Estados Unidos, otros llevan hasta tres o más años y ya han pasado por un juez migratorio que indicó que no tienen una base legal para permanecer en Estados Unidos.











