A lo largo de su carrera, Christopher Nolan ha abordado grandes historias —aunque especialmente las de los hombres, sus luchas y sus guerras— y las ha moldeado a su virtuosa voluntad. Película tras película, en la oscuridad y en la luz, sus personajes se enfrentan a los límites del esfuerzo y la conciencia humanos, poniéndose a prueba a sí mismos de la misma forma en que él pone a prueba las posibilidades del medio. Si la frase de su drama de 2006 “El truco final” sobre cómo un mago toma algo ordinario y “hace que haga algo extraordinario” suena como una declaración de principios de un artista, además de un artículo de fe, es porque lo es. Para Nolan, ese algo extraordinario es el cine en sí mismo.El amor de Nolan por el cine y su compromiso con él —con lo que puede hacer, lo que puede ser, lo que debería ser— recorre su filmografía como una corriente eléctrica, iluminándola y, a menudo, iluminándote a ti también. Esa pasión está presente en cada fotograma de su monumental adaptación de “La Odisea”, uno de los espectáculos más “típicos de Nolan” en cuanto a sus temas, su juego formal, sus emociones cinéticas y su descarado espectáculo.Pocos directores acortan la distancia entre el cine de autor y el éxito de taquilla como lo hace Nolan; y aún menos ofrecen al público algo que no solo les haga esperar con ilusión, sino que también les emocione. Aunque ha seguido perfeccionando su forma de hacer cine, sobre todo en su experimentación narrativa, siempre busca complacer al público.
Épico espectáculocinematográficoParece inevitable que Nolan acabara abordando “La Odisea”, uno de los pilares de la literatura occidental. La historia es una aventura alucinante y extravagante, y presenta ese tipo de estructura sinuosa y compleja que se ha convertido en uno de sus sellos distintivos. Atribuido a Homero, el poema original consta de 12 mil 109 versos de diálogo y acción no lineales e ininterrumpidos, en los que aparecen dioses, mortales, monstruos, sucesos extraños, rituales de hospitalidad y océanos de sangre, lágrimas y vino.Lo más llamativo de esta película, aparte de ser el primer largometraje rodado íntegramente en IMAX, es que existe. Se trata de una anomalía en el entretenimiento de los grandes estudios que Nolan ha repleto de estrellas —¡Matt Damon es Odiseo! ¡Zendaya es Atenea!— y pulido hasta alcanzar un brillo resplandeciente, convirtiendo un poema de 3 mil años de antigüedad en una película inteligente y reflexiva con el encanto del viejo Hollywood.Su héroe es, en cierta medida, el astuto y complejo Odiseo que salta de las páginas, pero se le ha suavizado y hecho más comprensible psicológicamente para la sensibilidad contemporánea. Además, lo interpreta un actor atractivo que destaca en papeles de hombres corrientes con un toque de grandeza.A grandes rasgos, la historia sigue a Odiseo, que lleva dos décadas desaparecido en combate, tras haberse perdido tras la Guerra de Troya. Ahora es un amnésico perdido. Su ausencia ha causado estragos en su familia, dejando desolados a su esposa, Penélope (Anne Hathaway), y a su hijo adulto, Telémaco (Tom Holland). Nolan dedica en su versión mucho más espacio a las mágicas andanzas de Odiseo que el poema original. Pero, fiel al poema, Nolan vuelve insistentemente a la familia que Odiseo dejó atrás, recordándonos las agonías del frente doméstico que a menudo se menosprecian o se ignoran en las fantasías protagonizadas por hombres.
Reparto estelarEl reparto de Damon ayuda a situar la historia en un registro cinematográfico más familiar, al igual que otras decisiones de Nolan.Ha poblado la historia con muchos de los personajes sobrenaturales del poema, entre ellos el Cíclope (Bill Irwin), un gigante con un único ojo inquietantemente siniestro, y Calipso (Charlize Theron), una diosa que evoca a una seductora de las películas de James Bond de los años sesenta y mantiene a Odiseo como prisionero sexual.Atenea aparece periódicamente para lanzar una mirada entristecida a lo que ocurre, y aunque se invoca a Zeus, este permanece fuera de pantalla.El Odiseo de Nolan es el héroe cantado en el primer verso del poema, pero es menos divino y sus múltiples facetas —guerrero, líder, amante, marido, padre, embaucador, mentiroso— se concentran en un hombre fibroso, curtido y falible.











