Durante las recientes contingencias que han afectado a la región, ha emergido un valor fundamental que define a la comunidad fronteriza: la solidaridad. Este sentimiento no solo se manifiesta en el discurso, sino en acciones directas de los ciudadanos hacia sus vecinos más necesitados.
Austria Galindo, titular de Desarrollo Humano y Bien Común (DHyBC), compartió en entrevista que durante las jornadas de entrega de apoyos alimentarios fue testigo de gestos excepcionales. Personas que, a pesar de sus carencias, optaban por ceder su ayuda a otros en situaciones de mayor vulnerabilidad.
“Había personas que me decían: ‘no me dé la despensa a mí, mi vecina tiene cinco hijas y se quedó sin trabajo, ella la necesita más’”. Para Galindo, este es un sentido genuino y auténtico de comunidad que impera en los sectores más humildes de la ciudad.
Este espíritu de colaboración ha sido el eje central de las reuniones con los consejos vecinales. Durante el último año, la subsecretaria ha visitado personalmente más de 80 consejos, dedicando largas jornadas nocturnas para escuchar de viva voz las problemáticas de la gente.
En estos encuentros, que en ocasiones se extienden por horas, se genera un proceso de reflexión profunda. La propia comunidad comienza a identificar su papel activo en la solución de los conflictos que afectan su entorno cotidiano, más allá de la intervención gubernamental.
Uno de los retos constantes es el mantenimiento de la infraestructura y la limpieza. Galindo recordó casos donde los vecinos reportaban que las alcantarillas se obstruían nuevamente debido a que algunos habitantes de la misma zona arrojaban basura de forma irresponsable.
La funcionaria explicó que, en muchas ocasiones, existe un temor natural al conflicto directo con los vecinos que no respetan las normas de convivencia. “A veces les da miedo decir algo por temor a represalias o simplemente por evitar confrontaciones”.
Ante esto, la estrategia de la dependencia es fomentar lo que Galindo denomina “inercias sociales”. El objetivo es invitar amablemente a los ciudadanos a cuidar su entorno, promoviendo que cada quien recoja su basura y mantenga su frente limpio sin necesidad de violencia.
La subsecretaria subrayó que generar estos cambios culturales requiere un trabajo continuo y permanente. No se trata de acciones aisladas, sino de una presencia institucional constante que acompañe a la comunidad en su proceso de transformación.
“Ahora se puede estar mejor, pero para lograrlo necesitamos dar estructura a la comunidad organizada”. La organización es la clave para que el deseo de ayudar se convierta en una herramienta eficaz para resolver problemas de servicios y seguridad.
Comparó la gestión comunitaria con la administración de un hogar, donde suelen presentarse múltiples problemas al mismo tiempo. En ambos escenarios, el secreto reside en la priorización de las necesidades para atacar primero lo más urgente.
Galindo destacó que cuando los vecinos se organizan bajo una estructura clara, la capacidad de gestión ante las autoridades aumenta significativamente. La unión vecinal permite que las peticiones tengan mayor eco y que las soluciones sean más duraderas.
Finalmente, la titular reiteró que la dependencia no solo busca entregar apoyos, sino reconstruir el tejido social. La meta es que cada ciudadano se reconozca como un agente de cambio capaz de mejorar su propia realidad y la de quienes le rodean.











