Entre el calor extremo, las tormentas de arena y largas distancias, más de 2 mil 200 jóvenes del Colegio de Bachilleres (Cobach) Plantel 16 enfrentan diariamente las condiciones del sur de Ciudad Juárez para continuar con su formación académica.
Son los bachilleres de las dunas y orgullosos berrendos; estudiantes que han transformado al Cobach 16, de segunda opción, a una escuela que terminó por enamorarlos.
Así lo aseguró el director del plantel, Edgar Nevárez Ortiz, quien lleva casi tres años al frente de esta encomienda.
Explicó que este bachillerato surgió ante la alta demanda de educación media superior en la ciudad, particularmente en una de las zonas de mayor crecimiento.
“El plantel nació porque ya no había espacio en otros como el 9 y el 11. Muchos jóvenes llegaban aquí porque no era su primera opción, pero con el tiempo se identifican y se sienten orgullosos de pertenecer a esta comunidad”, señaló.
Actualmente, el plantel atiende a más de 2 mil 200 alumnos y forma parte de los siete colegios en la ciudad, todos catalogados como de alta demanda.
Para facilitar el acceso, se cuenta con un sistema de transporte con 24 rutas que trasladan a estudiantes desde distintos puntos del sur de Juárez, desde el kilómetro 20 hasta zonas cercanas al libramiento Talamás Camandari.
Son casi 30 minutos de viaje por una carretera solitaria en pleno desierto, donde apenas se pueden observar algunas casas de madera en la lejanía.
El Cobach 16 ofrece un bachillerato general con formación propedéutica, orientado principalmente a que los jóvenes continúen estudios profesionales, detalló el director.
Además, cuenta con áreas de capacitación como emprendimiento, nutrición, laboratorio clínico e inglés, y recientemente ha incorporado robótica como club, con la intención de convertirlo en una capacitación formal.
“Buscamos actualizarnos a las necesidades del mercado laboral. La inteligencia artificial y la programación son áreas clave, por eso queremos que más jóvenes tengan acceso a este tipo de formación”, precisó.
Pese a los avances académicos, el plantel enfrenta retos importantes, particularmente en el ámbito social y emocional de los estudiantes. Nevárez Ortiz reconoció que, debido al contexto de la zona, existen problemáticas relacionadas con adicciones y entornos familiares complejos.
“Trabajamos mucho en la formación socioemocional. Hay jóvenes que incluso llegan a pedir ayuda porque no saben cómo salir de situaciones de consumo. Es algo que atendemos desde orientación y enfermería”, explicó.
El director destacó que el objetivo del Colegio de Bachilleres no sólo es brindar herramientas académicas, sino también formar ciudadanos responsables.
“Aquí entran siendo niños y salen siendo adultos, conscientes de las decisiones que toman”, afirmó.
En cuanto a la permanencia escolar, el plantel mantiene una eficiencia terminal de entre el 80 y 90 por ciento, aunque se implementan estrategias para evitar la deserción y se promueve el reingreso de quienes interrumpen sus estudios.
“Aunque haya jóvenes que se vayan, no pierden la oportunidad. Pueden regresar y terminar su bachillerato hasta en cuatro años. Nuestro objetivo es que estén aquí, en la escuela, que es donde deben estar”, puntualizó.











