Tras hacerse con la Concha de Oro del Festival de San Sebastián con su opera prima, Beginning, la cineasta georgiana Dea Kulumbegashvili ha deslumbrado en la Mostra de Venecia con April, un drama sensorial e hiperbólico sobre el aborto en el mundo rural y los embarazos de menores; en una jornada en la que también se han proyectado Stranger eyes, de Yeo Siew Hua, y Iddu: sicilian letters, de Matteo Messina Denaro.
La película, con muchas opciones de entrar en el palmarés, combina la denuncia social con la exploración poética en forma de imágenes exuberantes de la naturaleza y un coqueteo con la fantasía que, en la imaginación de Kulumbegashvili, es el resultado de acercarse mucho a la realidad.
“A veces es fácil dejar de ver la belleza del mundo debido a las dificultades de la vida, pero la belleza sigue ahí”, señaló la directora en una rueda de prensa en el Lido.
“Creo que mi filme es hiperbólico, se acerca tanto a la realidad que es imposible mirar a otro lado y, cuando llevas la realidad al extremo, emerge algo que quizá no es real”, agregó.











