Cargadores, Comandantes y Broncos, tres tiros perfectos

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Estamos a una semana de terminar la temporada 2024 de la NFL y tenemos tres casos de equipos en donde el resultado de colocar a la persona correcta, llámese líder, coach o guru, es la diferencia entre ganar y perder, sin medias tintas.

Sin darle más vueltas al asunto señalemos a tres conjuntos que dieron en el clavo, y no por casualidad, sino después de exhaustivos análisis, sobre quiénes eran las personas idóneas para dirigir sus destinos y que, ahora, a una semana de cerrar la campaña los tienen dentro de los playoffs o casi con un pie y medio dentro de la segunda temporada de la NFL que se desarrolla en enero.

RECARGADOS

Sin más, me quedo como primer lugar en este apartado con lo sucedido en el seno de los Cargadores de Los Angeles, un equipo que desde hace un par de años, por lo menos, había demostrado tener el talento humano suficiente como para pelear su división (Oeste de la AFC) y meterse a los playoffs por lo menos como comodín. La realidad es que su coach en ese entonces, Brandon Staley, lo hizo sólo una ocasión, en 2022 y sin grandes alcances. Después nada pasó y el equipo se fue a pique.

La llegada este año de Jim Harbaugh como entrenador en jefe, procedente de la Universidad de Michigan, con la que ganó el título colegial en 2023, dejó ver el poder de control, convencimiento y capacidad de un coach.

Cuando aterrizó en Los Angeles y sacó la escoba para barrer con lo que a él no le servía, llámese los receptores Kennan Allen, Mike Williams o el corredor Austin Ekeler, no faltó quien lo tachara a loco y arrebatado por tales movimientos. Al arranque de la temporada y durante la primera parte de la misma parecían tener la razón sus críticos, pero al final Harbaugh demostró su talento para hacer funcionar las cosas a su estilo, y ahora los Cargadores están en playoff con un equipo que llega bien conjuntado y que si bien no suena para campeón, puede darle un dolor de cabeza a cualquiera en la primera ronda.

Harbaugh ya había demostrado su capacidad cuando estuvo al mando de San Francisco en la década pasada, y sólo ciertas diferencias personales con el gerente general de ese equipo lo llevaron a renunciar y regresar a su pasión, el futbol colegial.

CON DOS COACHES

En segundo lugar apuntamos a los Comandantes de Washington, que durante los últimos cuatro años fue una pérdida de tiempo bajo el mando del coach Ron Rivera y su rescate de valores, y la nada dignificante mano del propietario Daniel Snyder. Con ninguno de los dos el plantel iba a alguna parte segura, sólo la venta del equipo a un grupo de socios bien asesorados trajo nueva vida a una franquicia que ya era más gris que su nuevo nombre después de abandonar el mote de Pieles Rojas.

La jugada clave fue la elección de Dan Quinn como su coach, un punto que ya hemos abordado en esta columna en otras ocasiones. La directiva se fue por alguien probado, sin paciencia para experimentos y la elección fue genial: los Comandantes, además de meterse a postemporada por primera vez en cinco años, tenían ocho años de no sumar una campaña con récord ganador.

Baste señalar nuevamente la habilidad de Quinn, quien llevó a Atlanta al Super Bowl 51, para elegir al hombre que se encargaría de dirigir el ataque, lo que nos habla de su cualidad innegable para delegar tareas de suma importancia. Se decidió por Cliff Kingsburry, y no se equivocó. Quinn se sabe una gran mente defensiva, y necesitaba su contraparte ofensiva. La encontró en Kingsburry y el resultado es un equipo que gusta, atrae, divierte, gana, y ahora esta en playoffs.

A SU ESTILO

En tercera posición están los Broncos de Denver, que desde el adiós de Peyton Manning y el coach Gary Kubiak no han vuelto a ver el triunfo en grande desde hace ya una década.

La temporada anterior, la gerencia pagó una millonada en dinero y sobre todo en talento vía selecciones colegiales, por los derechos del coach Sean Payton, que, aunque estaba en año sabático, sus derechos pertenecían a los Santos de Nueva Orleans.

Con un equipo que incluía al recién desempacado talentoso quarterback Russell Wilson, la opinión era que Payton lo tenía todo para ganar de inmediato. No obstante, todos se equivocaron, menos él.

En una polémica decisión, optó por no utilizar a Wilson, sentarlo en la banca a propósito y sacar la escoba para armar el equipo que él quería, no el que le había heredado el anterior coach, Nathaniel Hackett, a quien incluso lo calificó de pésimo por el trabajo hecho, unas palabras que le costaron muchas críticas a Payton entre sus colegas.

Al entrenador Payton poco o nada le importó, dejó ir al mariscal ganador de Super Bowl y fue por el suyo al Draft, tomó a Bo Nix y se puso a trabajar.

Con un escepticismo total a su alrededor, Sean Payton creó su plan, confió en él y lo desarrolló. Ahora, esta a una victoria de clasificar a los Broncos a la postemporada, cosa que seguramente logrará.

La lección, sin duda, es que la clave es encontrar a la persona idónea para el puesto; en este caso, gente probada. Es verdad que existen algunas gratas revelaciones con talento muy joven que destaca rápidamente, pero los resultados vistos en estos tres casos en sólo una o dos temporadas, no más, nos dice que quizá no hay como ir a la segura con tipos experimentados, curtidos y que han recorrido el camino desde abajo para ganar. El resultado salta a la vista, Los Angeles, Washington y Denver estarán jugando en enero, soñando con la ruta al Super Bowl.